La cotización del bitcoin acaba de superar máximos
históricos de cotización de abril de 266 dólares rebasando ampliamente
los 300, y es un buen momento de hacer balance de lo acontecido en estos
últimos meses.
Durante los anteriores máximos en abril y tras su
consiguiente desplome, se alzaron muchas voces críticas que ahora
deberían desdecirse. Apuntaban que la cotización era mera especulación, y
una burbuja sin respaldo fundamental. Algunos de ellos, economistas con
proyección internacional, incluso demostraron un profundo
desconocimiento de la verdadera naturaleza del dinero alegando que el
bitcoin no estaba respaldado por ningún bien tangible con “valor
intínseco”. La realidad es que el dinero está respaldado por confianza y
no precisa de nada más. Curiosamente hoy en día la mayor confianza la
ofrece el dinero, como el oro o el bitcoin, que no está controlado ni
por bancos centrales con intereses poco transparentes, ni por gobiernos
ensombrecidos por la corrupción. La vuelta de la cotización a máximos
demuestra que el bitcoin tiene una fortaleza insospechada, y mucho más
si consideramos lo acontecido en los últimos meses.
Empezando por las ansias reguladoras provenientes de
Estados Unidos. Hemos asistido antes del verano a algo muy parecido a
un ataque institucional a empresas que operan con bitcoins y en
particular a los exchanges, lugares de cambio en internet que
establecen la cotización del bitcoin. Por una parte, la FinCEN,
organismo estadounidense encargado de luchar contra el blanqueo de
dinero y velar por la seguridad nacional de EE UU, les instó a
registrarse como money exchangers en el plazo de unos meses. Se bloquearon las transferencias de dólares al principal exchange MtGox,
se enviaron denuncias por parte de instituciones reguladores del estado
de Nueva York y de California, a empresas que trabajan con bitcoin,
incluso a la Bitcoin Foundation que tiene un mero papel regulador del
protocolo. También en Europa se bloqueó y requisó los fondos del mayor
exchange, bt24. La
coordinación de tales acciones hace pensar que podría haber algo más
que un deseo altruista de regulación. Está cada vez más claro que el
bitcoin representa una amenaza para las monedas emitidas por los
estados, y EE UU basa su hegemonía económica mundial en el dólar.
A continuación tuvimos hace pocas semanas el
desmantelamiento por parte del FBI de Silk Road, la web encriptada bajo
el sistema Tor, de compra-venta de droga (y de más productos legales o
ilegales). Este desmantelamiento llega después de una laboriosa
infiltración por parte de agentes del FBI, y ha conducido a la detención
del fundador de Silk Road y la de algunos vendedores de
estupefacientes. Se pensaba que esto tendría un efecto importante sobre
el bitcoin pues todos los pagos en Silk Road se desarrollaban mediante
bitcoin. En los primeros momentos la cotización se resintíó, pero
inmediatamente comenzó el rally que estamos viviendo. Esto demostró,
contrariamente a lo que algunos proclamaron, que bitcoin era robusto sin
Silk Road y sin el comercio ilegal. También “lavó la cara al bitcoin” y
demostró que era más que una divisa inventada para comprar drogas por
internet. Paradójicamente, el FBI a día de hoy parece incapaz de
incautar los 600.000 bitcoins que controla mediante su clave secreta el
fundador de Silk Road. Ese es otro hecho sorprendente: La incautación de
los fondos sólo es posible con acceso a la clave secreta que proteje al
monedero electrónico por lo cual es mucho más difícil que la de fondos
en cuantas bancarias.
El impulso del rally alcista que vivimos se origina
en China. Después de un par de reportajes hablando de bitcoin, el
principal exchange chino ha ocupado la primera posición mundial en
volumen. La entrada de capital y el aumento de nuevos usuarios está
haciendo volar la cotización. La volatilidad de la cotización vuelve
después de un periodo de relativa calma.
Se vislumbra la posibilidad de que el ciudadano
recupere finalmente el control de su dinero y su libertad monetaria, es
decir la de poder comerciar con una moneda libre. Esto no había ocurrido
nunca
La pregunta del millón, o del billón, es hacia dónde
vamos ahora. Es evidente que si el bitcoin se instaura, como empieza a
ser el caso, su cotización alcanzará miles de dólares. Recordemos que el
número de bitcoins en circulación es limitado (cerca de 12 millones
actualmente de los cuales unos cuantos millones están perdidos para
siempre), y cada vez hay más gente adoptándolo cuando descubren que
nadie lo controla y que se pueden hacer pagos y transferencias
internacionales instantáneas y gratuitas. El bitcoin deja obsoleto a los
servicios de transmisión de dinero, y gran parte de los servicios
bancarios. El volumen de transacciones de bitcoin se acerca al de
Western Union, y la capitalización del bitcoin es de unos 3.700 millones
de dólares, comparable al PIB de Andorra y superando al de muchos
países pequeños.
En conclusión, bitcoin ya es demasiado grande para
ser ignorado. Por otro lado, la regulación es difícil porque es un nuevo
tipo de dinero y es internacional y está deslocalizado. Muchas
preguntas fiscales y financieras no tienen respuesta simple. Pocos
economistas y legisladores entienden técnicamente el bitcoin. Por ello
es probable que su regulación se demore. Pero su crecimiento es mucho
más rápido. La amenaza que representa bitcoin para el sistema bancario
tradicional augura una dura batalla. Cada vez es más difícil convencer a
los ciudadanos de las bondades de los rescates bancarios, sobre todo
cuando se dan cuenta que muchos de los servicios que ofrecen los bancos
los ofrece bitcoin gratuitamente. Estamos en un punto en que se
vislumbra la posibilidad de que el ciudadano de a pie recupere
finalmente el control de su dinero y su libertad monetaria, es decir la
de poder comerciar con una moneda libre. Esto no había ocurrido nunca.
Tal vez estemos asistiendo a la primera revolución monetaria de la
Humanidad.
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